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EnBuscaDelDragónAmarilloLibro

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El grupo, estaba compuesto por 4 personas y vestían con unas chaquetas con lo que parecían plumas pegadas en sus antebrazos y unos palos que parecían no traer nada bueno, la pareja estaba formada por un chico que estaba de rodillas apretándose el estomago y la chica detrás sollozando y pidiendo perdón al grupo de las cazadoras.

-Creo que no sabes que te estás metiendo con la ley -dijo el que parecía el cabecilla del grupo, tenía unas gafas de sol de color naranja y era el que más pluma tenía pegadas- y eso aquí debe respetarse, porque si no lo hacemos ¿Quién estaría a salvo?

-Yo no quería escupir, es que… estoy… malo y quería aclararme la…-intentaba decir el chico.

-No puedes negar que me has manchado la cazadora.

-No, no lo niego.

-Por favor, perdónele-dijo la chica.

-Tu cállate si no quieres que te sometamos a una práctica distinta-dijo riendo mientras sus otros tres acompañantes también reían-ninguna chica pude resistirse a salir con un defensor.

-Hare lo que pidan… pero por favor no me peguen en la barriga de nuevo.

Sin pensárselo el líder le asestó un golpe donde el chico le dijo que no le diera.

-Eso te pasa por decirme lo que no puedo hacer, compréndeme, no lo hago por diversión, solo es para que entendáis que hay que ir con cuidado porque si no se sufrirán las consecuencias.

Nosotros observábamos la escena desde lejos.

-¿Tenéis algún plan?-Dijo Martín.

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Era de noche y seguíamos en la carretera camino al famoso pueblo de los científicos, no podía dormir muy bien debido a la escocedura de las pocas cicatrices que tenía así que me levanté, Dan y Martín estaban hablando mientras este conducía.

-Por mucho que he mirado sus documentos está claro que la gema era una de las prioridades de Agustín para encontrar al dragón, así que no nos ha salido mal del todo el viaje-dijo Dan.

-Todo sea por encontrar ese dragón-contestó Martín.

-Y a parte de encontrar que las escrituras de la cueva están cifradas no dejan de aparecer recortes de periódico sobre este hombre.

Martín apartó un momento la vista de la carretera y miró el papel que le enseñaba Dan.

-¿Qué dice?-Martín me miró-Buenas noches princesa, ¿Cómo estás?

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Al entrar en el pueblo nos encontramos con varias patrullas de antis, pero no nos hicieron muchas preguntas al ver que el investigador estaba con nosotros.

-¿De donde viene?-le preguntaron en uno de los controles

-Venimos de hacer unas investigaciones, este es mi equipo-contestó el investigador-¿Qué ha pasado aquí?

-Hemos localizado a un grupo grande de cazatesoros, ¿Han visto algo raro?

El investigador negó y nos dejaron pasar, teníamos suerte de que todavía no se hubiera comunicado a los demás lo de nuestra busca y captura. Sin ningún incidente llegamos a la casa de la anciana. La niña saltó de alegría al ver a su padre y este rompió a llorar. Allí pudimos quitarnos más tranquilamente los restos de las esposas que teníamos en cada una de nuestras muñecas. Cada vez me sorprendía más la fuerza que tenía Martín para haber podido romper eso.

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-¿Martín?-preguntó Dan

Martín estaba observando la ermita, tras un rato en silencio se giró a nosotros.

-Ya que estamos aquí no podemos perder la oportunidad-se dirigió al investigador-¿dónde está la gema exactamente?

-Entremos.

Seguimos al investigador, la ermita estaba como la última vez que la vimos, con los bancos por el suelo cuando Ham y su acompañante nos atacaron.

-Una fórmula que coloco siempre en mis notas-empezó el investigador-es poner lo contrario a lo que hay que poner. Es decir, si por ejemplo quiero decir que hay que fijarse en las miradas de los templarios porque lo utilizaban de guía para encontrar sus tesoros está al revés, no hay que fijarse en la miada de estos si no en la de los otros personajes de la cristalera. Yo sé que siempre es al contrario pero no el resto.

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Intentaba controlar mi respiración pero cada vez estaba más nervioso ninguno se movía excepto los hombres y mujeres que acompañaban al del lanzallamas, nos estaban rodeando.

-Llevamos desde hace dos años en vuestra búsqueda y de aquí no pasáis-le dijo a Ham-ya son muchos los saqueos y muertes que tenéis bajo el brazo.

-No tientes a la suerte-le contestó mientras varios hombres le esposaban.

Sin dejar de apuntarnos nos miró.

-¿Y vosotros? ¿Qué estáis haciendo por aquí?

Martín no podía contestar, no creía lo que estaba pasando.

-Estábamos de excursión visitando la ermita-comenzó Dan-cuando nos secuestraron, escapamos por el jaleo y encontramos a este hombre también preso-señaló al investigador.

-Tendremos que…

-Y UNA MIERDA-gritó Ham-estos cabrones buscan lo mismo que nosotros.

-PRUEBALO-grité, me estaba cabreando.

-CALLAROS YA-sentenció el del lanzallamas-nos vais a acompañar todos. No es que haya muchos excursionistas por aquí para creeros.

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Ham estaba delante de nosotros con una expresión seria en su cara, el hombre al que había arrojado intentaba levantarse pero cayó desvaneciéndose. Martín sujetaba al investigador y Dan miraba a los ojos a Ham.

-Qué pena, por poco os vais sin siquiera probar la cena que teníamos preparada esta noche, y más en una situación como la nuestra, en la que tú-señaló a Dan-tendrás que contarnos como has llegado hasta aquí y con ayuda. ¿Qué clase de cazatesoros sois, llamando a los grandes?

-Yo he venido solo-respondió Dan

-Ya-rió-como nosotros

Ham se acercó hacía nosotros lentamente y con las palmas vueltas de frente, ya había comprobado lo que sus manos podían hacernos si nos daban, y en la situación en la que nos encontrábamos poco podíamos hacer contra alguien tan fuerte.

-Después de que acabemos con vosotros este pueblo puede darse por arrasado, ¡NADIE MATA A UNO DE LOS NUESTROS!

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